El palacio de locura “La Castañeda”

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Este manicomio abrió sus puertas el primero de septiembre de 1910, se ubicó a las afueras de la Ciudad de México. Fue construido en los terrenos de una hacienda pulquera. La inauguración fue realizada por Porfirio Díaz y la alarma sociedad mexicana, como parte de los festejos del centenario de la independencia mexicana. Su arquitectura fue basada en el hospital psiquiátrico de París Charenton.

¿Quiénes eran los pacientes que llegaban a esta institución?
Durante los primeros años sólo recibían pacientes con enfermedades mentales avanzadas como la esquizofrenia, pero al paso del tiempo, este hospital estuvo poblado de niños, delincuentes, ancianos, drogadictos, alcohólicos, prostitutas e indígenas. De acuerdo con el reglamento de 1913 los enfermos estuvieron distribuidos de la siguiente forma:

Pabellón de pacientes distinguidos: recibió a pensionistas de primera clase, miembros de familias ricas, sin distinción de padecimientos, que no hubieran sido remitidos por la policía y que no presentaran comportamiento agresivo.

Pabellón de observación: aquí residían los pacientes de primera vez, por periodos cortos hasta que se les diagnosticaba y se les asignaba un nuevo pabellón. Cabe destacar que los pacientes distinguidos no pasaban por este pabellón en su primer visita sino que eran llevados a su pabellón particular.

Pabellón de pacientes peligrosos: albergó a los asilados violentos, criminales, remitidos por la policía.

Pabellón de epilépticos, entre los cuales predominaban las mujeres.

Pabellón de imbéciles: el pabellón designado a los pacientes con retraso mental evidente. También era famoso por los extremos métodos de tortura a los que eran sometidos entre otros, se hacia uso excesivo de los electroshocks, los bañaban con agua helada, y ciertos enfermos los encarcarcelaban por ciertos días en lugares húmedos y llenos de ratas

Pabellón de pacientes infecciosos: aquí se recluía a pacientes con alguna enfermedad infecciosa como tuberculosis, sífilis, lepra o fiebre de tifoidea. De manera arbitraria las prostitutas se remitían a esta área sin que se les hubiera comprobado que padecieran alguna enfermedad infecciosa.

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A comienzos de la década de 1920, los informes sobre las instalaciones reportaron apremiantes necesidades de una institución que se volvía inhabitable como el mal estado de las duelas que provoca a caídas y lesiones en los pacientes, camas sin colchones, los cables de la luz colgaban de las paredes quedando al alcance de los dementes, plagas de ratas recorrían la extensión del manicomio, los patios cubiertos por las aguas negras debido a la deficiente canalización del drenaje, la farmacia vacía.

Después de 1920, el país se encontraba devastado por el efecto de la guerra. Los recursos del manicomio se habían empobrecido aún más y aunado a esto se sumó sobre-demanda y saturación (hubo un punto en que el hospital tuvo a más de 3000 mil pacientes internos, tres veces su capacidad). Por lo que el manicomio La Castañeda se convirtió en un espacio de castigo y corrección para aquellas conductas que salían de los parámetros de la normalidad

ALGUNOS CASOS DE LA CASTAÑEDA:

CASO SARA SANTOS:
Lugar de detención: calle Mesones, año 1910
mujer, de 18 años, mexicana.
Causa de la detención: vestir de rojo y medias acanaladas negras, blusa de satín blanco desgarrado por el frente dando un espectáculo inmoral pues se le asomaban los pechos.

CASO RODRIGO V. :
Rodrigo V. tenía 28 años en 1918, cuando llegó a las puertas del Manicomio. Era estudiante de derecho y hablaba ingles, francés y alemán. Durante los pocos meses que allí estuvo le dio clases de literatura a sus compañeros del Pabellón de Tranquilos A, a peso la hora. Antes de enloquecer trabajaba en el Archivo del Juzgado Menor de Queretaro. Durante 1915 debió portar un arma y cuidar durante las noches los documentos que allí se resguardaban. Una noche llegaron los zapatistas que le arrebataron el archivo, no sin antes asesinar a uno de ellos. Tuvo que huir y cuando fue retenido por carrancistas, fue acusado de traidor, por haber apoyado al Gobierno Convencionista en 1914. Dicha acusación le desencadenó una neurosis que lo llevó al manicomio. Rodrigo tenía claro que había actuado con toda la rectitud del caso, y no podía entender por qué la suerte era mejor para los que “llevaban el estigma del cuartelazo para los que por una cuestión puramente política han ensangrentado el suelo de la metrópoli vergonzosamente y ven los intereses de la patria como un negocio.” Tampoco podía entender por qué si él había apoyado al pueblo que se armó en 1914, ahora lo venían a considerar como un traidor si, total, “¿qué gobierno reconocido había en 1915?”. Rodrigo afirmaba: “Yo soy el que se fue con todos menos con los traidores. Mas ahora soy ¡preso!”. Ahora padecía de una “simple “locura” escrita en el cartoncito que tengo en la cabecera de mi cama”. Su único deseo vehemente “de que se estableciera la paz no solo en mi país sino en Europa”. En ese momento todos “han cooperado con su voluntad para unificar la opinión y depositar sus respetos en el que hoy es guardián de sus derechos, el Sr. Dn. Venustiano Carranza”. Pero él, que no apoyó al carrancismo, solicitaba que se le reconociera su lealtad al constitucionalismo para poder salir a trabajar.

CASO GUILLERMO:
Guillermo tenía 32 años cuando ingresó al manicomio el 20 de mayo de 1918, afectado de una “demencia precoz paranoica”. Según la historia clínica que le hicieron al momento del ingreso, fue un soldado que combatió en El Ebano (SLP), lo cual fue confirmado por su acompañante. Allí sufrió quemaduras graves y los pies se le inmovilizaron por un buen tiempo. Cuando le otorgaron la baja regresó a su hogar en Nuevo León, donde “sufrió muchos y graves ataques en el rancho de su familia -saqueos-”. Además de perder buena parte de sus recursos, “los bandidos trataron de darle muerte por estrangulación, colgándolo de un árbol”. De esto logró salir con vida, pero no volvió a ser el mismo. En adelante, la familia se asombró por sus “actos de prodigalidad” debido a que regalaba el maíz y los víveres; además agredía “con un palo” a la madre y las tías que se oponían a tan excesiva generosidad. Por este comportamiento fue internado un tiempo en el manicomio. Una vez internado prefirió dormir siempre en el suelo, argumentando que “estando en la cama fue asaltado por bandidos y cree substraerse de un nuevo asalto durmiendo en el suelo”. Según la tía, la locura de Guillermo venía desde los cuatro años, cuando lo pateó una mula ya que a raíz de ello se tornó aislado y sólo se dedicó a leer. A medida que fue creciendo manifestó una clara tendencia a la depresión ya que “daba a entender que su vida era azarosa llena de amarguras”. Posiblemente en busca de algo de sentido en su vida, se incorporó a las filas del carrancismo en Veracruz y de ahí a Tampico donde tuvo el mencionado accidente en el que estuvo a punto de perder los pies por la explosión de un depósito de chapopote. Cuando regresó a la casa, sumido en la depresión solía tomar 20 litros de café, comía 45 huevos con 8 litros de leche, todo esto en un solo día. En medio de semejante depresión, “los bandidos” trataron de matarlo en el rancho en dos oportunidades. Después de ello terminó en La Castañeda… sólo por dos meses.

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A fines de 1965, el Secretario de Salud del presidente Díaz Ordaz hizo una visita a la Castañeda. Conducido por Guillermo Calderón Narváez, a la sazón jefe del pabellón central y el pabellón piloto dirigido por Dionisio Nieto, eran los únicos lugares que se solían enseñar, rompió con el itinerario habitual y le mostró el resto del manicomio. Al parecer el secretario quedó impresionado de la pobreza y abandono de 2800 pacientes.

Para terminar, mientras que para Porfirio Díaz el hospital era el emblema de la modernidad, para el presidente Diaz Ordaz, terminó convirtiéndose en signo de ineficiencia gubernamental, por lo que el día 29 de junio de 1968, ordenó la demolición y reubicación de los pacientes de La Castañeda (el cual se considera un mal sueño para la psiquiatría mexicana) a otros centros de salud y tiempo después fue sustituido por el Hospital Psiquiátrico Fray Benardino.

 

Fuentes:

Ríos Molina, A. . «La locura en el México posrevolucionario. El Manicomio La Castañeda y la profesionalización de la psiquiatría, 1920-1944». Históricas (D.F., México: Universidad Autónoma de México e Instituto de Investigaciones Históricas

Ríos, G. (2003).
La Castañeda». Tiempo y Escritura
Azcapotzalco, Edo. de México:
Universidad Autónoma Metropolitana

Sacristán C.(2010)
“La contribución de la Castañeda a la profesionalización de la
Psiquiatría mexicana”, 1910-1968. Recuperado el 17 de junio de 2017. De
http://www.scielo.org.mx

Rivera Garza C. (2010)
La Castañeda
1a Ed. México, D.F.
Tusquets, editores.